Fable III y sus características

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Peter Molyneux estuvo presente en el evento X10, y tal y como se esperaba, nos desveló más características de Fable III. Una de las más importantes, y por la cual Molyneux aseguraba que haría enojar a más de un seguidor de la saga, es que esta nueva entrega no tendrá HUD. Así es, la pantalla de juego estará completamente limpia y no habrá barras de salud. La vida de los personajes se definirá por su estado físico así como por la disolución de color en la pantalla (al estilo de los FPS). También desaparecerán los puntos de experiencia. En su lugar, el juego se basará en el número de seguidores que tengamos: si hacemos el bien conseguiremos muchos, pero si somos malvados estaremos solos.

Otra importante característica está en el sistema de armas. Nuestras armas subirán de nivel y se irán definiendo de acuerdo a las acciones que realicemos. Por ejemplo, si usamos nuestra espada para matar inocentes, ésta pronto comenzará a gotear sangre; pero si la usamos para proteger a las personas deslumbrará con un brillo especial. Además, las armas aumentarán de tamaño conforme más las vayamos utilizando.

Para relacionarnos con otros personajes, el juego integrará una mecánica de toque inspirada en ICO. Esto nos permitirá, por ejemplo, reprender a alguien que haya hecho algo malo; abrazar a nuestro hijo para que deje de llorar; o darle la mano a un vagabundo que necesita ayuda. La IA juega un papel muy importante, y las acciones dependerán de la situación en la que nos encontremos así como del estado emocional de nuestro personaje y el otro.


Fable III se ambienta en un Albion industrializado. La primera mitad del juego estará enfocada en derrocar al tirano que gobierna y tiene sumido al pueblo en la pobreza. Nuestro personaje, el hijo del héroe de Fable 2, tendrá que convencer a la gente de Albion de crear una revolución que de paso a un nuevo reinado. El resto del juego lo desempeñaremos ya como el Rey de Albion, en donde tendremos que tomar decisiones que marcarán el destino del pueblo y cumplir o ignorar por completo las promesas que les hicimos a las personas.