Con la cabeza como un bombo, mucho sueño atrasado, pero con la mente -de momento- lo suficientemente fresca para recapitular los 4 últimos días, es momento de valorar el E3 que casi hemos dejado atrás. Lo que hemos visto este año ha sido alabado, durante mucho tiempo atrás, como el evento; el escaparate de la revolución de los videojuegos, y con los videojuegos como protagonistas. Y ahí han estado, pero los juegos han quedado en un plano secundario del que no son merecedores.
Siempre he concebido el E3 como un lugar al que hay que ir físicamente para poder empaparse de todo, pero por encima de cualquier cosa, de probar, de toquetear, de sumergirte en echar una partida a cualquier cosa que se ponga por delante y te dejen. Pero el E3 es un evento a nivel mundial, y en el que los jugadores de todo el mundo tenemos la vista ...